El Cava es para el Verano

El Cava es para el Verano

Sin duda, el periodo máxima demanda de cava es la Navidad. Bajo nuestra humilde opinión, es sin embargo un caluroso día de verano cuando una fría copa de cava, destinada a extinguir el sofoco, genera mayor deleite. Hablando de frío, este escrito expone cómo enfriar una botella de cava en tiempo record. Desgraciadamente, casi todos nos hemos encontrado en alguna situación en que, por un descuido o la aparición de un huésped inesperado, no tenemos una botella de cava a punto que ofrecer. Esperamos que estas líneas nos permitan salir airosos de tales circunstancias.

Intuitivamente, todos sabemos que el cava debe tomarse muy frío, 5ºC suele ser la temperatura prescrita. Aparte de la sensación de frescor que ello genera, existe también dos motivos relacionados con la cata del producto. El primero de ellos es que la baja temperatura suaviza la sensación de acidez (también hay que decir que un frío demasiado intenso impide la volatilización de los aromas, con lo que nos dificulta su disfrute) El otro motivo es que abrir una botella de cava que no esté bien fresca puede sacar un ojo a alguien… Bueno, exagero un poco: lo importante es que, cuanta más alta sea la temperatura, menor es la capacidad de disolución del anhídrido carbónico (el gas que forma las burbujas) en el líquido; el gas no disuelto se acumula en el cuello de la botella, por lo que aumenta su presión y, al abrirse, la salida del tapón se produce con mayor virulencia. Por si fuera poco, el gas que queda en la botella también se volatiliza más rápidamente, debido a que las moléculas del gas aumentan su energía cinética con la temperatura.

Volviendo al asunto de cómo enfriar una botella de cava en cuanto antes, precisamos una cubitera o recipiente similar, hielo, agua y sal. Inicialmente, debemos echar dos puñados de sal en la cubitera y distribuirlos de forma uniforme. Seguidamente, situamos la botella en medio del receptáculo, tras lo cual añadimos el hielo. Finalmente, rellenamos con agua lo más fría posible hasta que quede todo completamente lleno.

En primer lugar, la mezcla de hielo y agua enfriará la botella mucho más rápido que el hielo por sí solo. El motivo tiene que ver con la transferencia de energía. Para reducir la temperatura del cava necesitamos que su calor se transfiera al entorno (obviamente a menor temperatura que la botella) El quid de la cuestión es que los líquidos son mejores transmisores de energía calorífica que los gases (tales como el aire). Es precisamente el agua quien sustituye al aire al ser introducida en el recipiente, con lo que el proceso de enfriamiento se acelera. Por otro lado, la presencia del hielo permite reducir la temperatura del agua líquida deprisa, la cual se aproximará a su temperatura de fusión, es decir, 0ºC.

El hecho de incorporar sal reduce aún más la temperatura, con lo que aún enfriamos con mayor celeridad. Esto se debe a que el punto de fusión del agua decae al añadir sal (este es el mismo motivo por el cual se añade sal a la carretera para fundir el hielo y la nieve). El proceso de derretido del hielo, el cual requiere un gran aporte energético, decrementa aún más la temperatura del agua.

Para optimizar el proceso más, conviene agitar el recipiente con cierta frecuencia. Con ello, conseguimos sustituir el agua en contacto con la botella, que ha sufrido cierto calentamiento, por otra más fresca.

Con este simple procedimiento, tendremos una botella lista para disfrutar en unos diez minutos. Hay que decir que la cantidad de sal idónea sería unos 200 gramos. En realidad, podemos prescindir de ella si estamos dispuestos a esperar unos cinco minutos adicionales, el resultado final será prácticamente el mismo.

 

Para realizar este artículo hemos empleado información de los siguientes enlaces:

http://foodslashscience.blogspot.com.es/2010/02/chilling-your-wine-with-salt.html

http://palatepress.com/2012/12/wine/champagne-physics-or-what-science-can-tell-you-about-drinking-your-bubbly